lunes, 12 de septiembre de 2011

Co-fest 11. Relato de una sorpendente experiencia



La semana pasada tuve la suerte de poder asistir a el evento co-fest 11 organizado por Infonomia y con el sello personal de Alfons Cornella. Confieso que fui porque Alfons es una persona original y yo, como organizador de eventos me estoy convirtiendo también en un “catador” de los mismos, siempre buscando nuevas ideas para los míos y sorpresas.

No es mi intención en este post de contar exhaustivamente lo que fueron esos dos días en el hotel La Mola de Tarrasa situado en medio de la naturaleza, pero sí contar lo que más me sorprendió.

Infonomía creando Co-society defiende la idea de que en un mundo más complejo la única solución para sobrevivir es la colaboración, y puesto que la competencia lo hace difícil a empresas del mismo sector, Co-society propone que esta colaboración se haga entre empresas de sectores diversos. La tesis es que todos tenemos activos (experiencias, procesos, tecnologías...) y pasivos (necesidades, carencias, temas que ignoramos...) y del dialogo los activos de unos pueden solventar pasivos de otros y asi enriquecerse como grupo sin ninguna desventaja. Esto se trabajó en talleres sobre innovación donde se debatieron, en grupos de unos 20, diversas estrategias para crear ideas, aportar valor y obtener resultados. Al fin y al cabo se trataba siempre de convertir ideas en valor para los usuarios y éste en resultados de las empresas.

Esos talleres se complementaron con charlas, de Alfons, en especial una sobre "la naturaleza de la tecnologia"  y una muy interesante de Enrique Gil Calvo donde pasó revista a las ideas dominantes de fines del siglo XX y como la última década las había cambiando radicalmente. Creo que en otro post me extenderé algo más en esa charla y su contenido pues para mi fue muy ilustrativa,  pero no ahora para no perder el hilo de lo que quería contar en este post. Lo que más me asombró, y seguramente lo que más recordaré con el paso del tiempo fue la mezcla de lo puramente intelectual o racional (algo que esperaba y buscaba yendo allí) con lo físico y lo emocional. Tanto una actividad denominada wellth que nos centró en descubrir nuestro cuerpo y su necesidad de atención unos minutos cada mañana,  como la noche denominada “co-emotions” en que descubrimos que cada uno de nosotros por encima de sus títulos y su posición era una persona con amores, desamores, tragedias, resilencia, derrotas, nostalgias, heridas, caprichos, voluntad y todo tipo de atributos que se desarrollan en el diario navegar por la vida. La noche que acabó con una charla a la luz de la luna con confesiones sobre temas variados como el lugar ideal para vivir de algunos; una historia con gusto japonés y de jazz o un 50 cumpleaños amenizado por un clarinete y un saxofón cuyos ejecutantes habían decidido solo un año antes aprender esos instrumentos desde cero. Ese momento es el que me llevo. Si olvidamos que todos tenemos una persona dentro de esa coraza diaria, nos perdemos lo mejor de cada uno. Eso es más que conocimiento, y como decía el zorro al Prinicpito, es esencial y es invisible a los ojos

Eso fue lo que me regaló co-fest y lo que le agradezco a Alfons y a su equipo, abrirme los ojos y haber vivido aquello. Eso no me lo esperaba y sigue siendo desde entonces el motivo de mis pensamientos. Gracias.